Conectar con el entorno desde la infancia es el eje sobre el que gira la estrategia de Vall de Almonacid para construir su futuro. En los últimos meses, el municipio ha reforzado su compromiso con la infancia mediante un conjunto de iniciativas educativas, medioambientales y comunitarias que sitúan a los niños y niñas en el centro de la vida local.
Este impulso se articula en torno al proyecto ERA (Escuela Rural Activa), un modelo innovador que ha permitido mantener abierta la escuela y transformar el entorno natural y social en un aula viva. La propuesta no solo mejora la calidad educativa, sino que también fomenta el arraigo al territorio y busca atraer nuevas familias, convirtiéndose en una herramienta clave frente a la despoblación.
El proyecto apuesta por el aprendizaje en contacto directo con el entorno, implicando a vecinos, asociaciones y familias en la educación. De este modo, el pueblo se convierte en un espacio compartido donde naturaleza, historia y tradiciones forman parte del dÃa a dÃa de la infancia. Una de las actividades más simbólicas ha sido 'Un niño, un árbol', celebrada el 4 de abril, en la que los niños nacidos en los últimos años plantaron su propio árbol junto a sus familias, creando un vÃnculo emocional con el paisaje.
Cada árbol contará con un azulejo con su nombre, dando forma a un 'bosque de niños' que simboliza tanto el crecimiento natural como el futuro del municipio. La actividad tuvo además un marcado carácter intergeneracional, con la participación de padres y abuelos.
Las propuestas para conocer el entorno se han consolidado como otro de los pilares del proyecto. Rutas, talleres y experiencias al aire libre permiten descubrir la flora, la fauna y el patrimonio local, fomentando el respeto por la naturaleza desde edades tempranas. En esta lÃnea, el Ayuntamiento ha impulsado acciones como la instalación de refugios para murciélagos y salamanquesas en el parque, identificados con los nombres de los niños, que además ayudan a controlar de forma natural los mosquitos en verano.
Del 7 al 10 de abril, la Boscoleta de Pascua convirtió el parque del Lentisco en un espacio de aprendizaje y juego. Guiados por un misterioso mirlo cantor, los niños superaron retos sobre aves, anfibios, insectos y plantas, y realizaron talleres como la creación de comederos para pájaros, móviles de aves de papel, figuras de papiroflexia, velas de cera de abeja o bolsitas aromáticas con plantas del entorno.
La experiencia se completó con juegos, exploración del medio natural y actividades de observación, consolidando un aprendizaje vivencial que va más allá del aula. Al finalizar, los ocho participantes recibieron su insignia de 'Guardianes de la Naturaleza', reconociendo no solo los conocimientos adquiridos, sino también valores como el compañerismo, el cuidado mutuo y el respeto por el entorno.